LA HISTORIA DEL EDIFICIO

FACHADA NORTE (1900)

.La historia del Real Colegio Seminario de los Padres Agustinos está unida estrechamente a la historia misionera de estos religiosos. Es un resultado de ella.

 

Esta prestigiosa institución religiosa se encuentra situada en el paseo de “Filipinos” –anteriormente llamado Paseo del Campo de Marte-, que recibirá esa denominación, precisamente debido a que en dicho lugar se encontraba el Real Colegio de los Padres Agustinos, donde estudiaban los misioneros que iban a Filipinas.

 

Durante siglos, los voluntarios para las misiones del Extremo Oriente eran reclutados en los distintos conventos que la orden de San Agustín tenía en España y América. Había un comisario de turno que estaba encargado de realizar las gestiones en los distintos conventos –así como ante la Corte y el Consejo de Indias, que financiaban las misiones-, buscando voluntarios. Pero llegó un momento que no se conseguía el número suficiente para cubrir las crecientes necesidades de evangelización existentes en China y Filipinas. Por ello se pensó en buscar un nuevo método de reclutamiento de misioneros, en una ciudad universitaria, donde existe un buen contingente de jóvenes. Es así como se pensó en la construcción de un Colegio en Valladolid dedicado especialmente a preparar misioneros para el Extremo Oriente.

Felipe V, en una Cédula Real de 1743, da licencia para su fundación. Se comienza a construir –siguiendo planos de Ventura Rodríguez-, en 1759. De sus claustros saldrán hacia Oriente más de 2.000 agustinos.

 

El Real Colegio ha estado muy unido a la historia de España y de Valladolid. Cuando en junio de 1808 las tropas francesas asaltan la ciudad sufre muchos daños. Los franceses lo usarán como parque de artillería y hospital.

 

Por su carácter misionero sobrevivirá a los decretos de desamortización de Mendizábal. El 26 de octubre de 1830, cuando una Ley de Cortes suprime los monasterios de todas las Ordenes de España, se exceptúa, entre otros, el de “Filipinos” de Valladolid. Y en 1835 –aunque se llega a decretar la supresión de las Ordenes Regulares de España-, esta orden de exclaustración vuelve a tener una excepción: “los colegios de Valladolid de las misiones de Asia”. Durante la Guerra Civil (1936-1938), será usado como cuartel y hospital, no siendo desalojado hasta 1941.

Los planos de Ventura Rodríguez:

 

Ventura Rodríguez es considerado el arquitecto cortesano más activo e influyente del siglo XVIII en toda España, siendo reconocido como “el restaurador de la arquitectura española”. La versatilidad de su talento arquitectónico y su extraordinaria capacidad como dibujante, hicieron posible que llevara a cabo una ingente labor.

Su reconocida fama hizo que los agustinos lo eligiesen para hacer los planos de su Real Colegio para las misiones de Asia.

En junio de 1759 Ventura Rodríguez –acompañado de D. Felipe Castro, delineante, estatuario y afamado pintor-, se trasladaron a Valladolid para tomar medidas sobre el terreno. El resultado sería una “planta general y del terreno” firmado en Madrid el 14 de octubre de 1759. Basándose en este plano, las obras de construcción comenzarán el 12 de noviembre de 1759, víspera de la fiesta de Todos los Santos de la Orden de San Agustín. Las obras –comenzadas e interrumpidas repetidas veces, por circunstancias diversas-, se finalizaron en 1930. Este lento avance de la construcción y los cambios de gustos de cada época alteró en cierta medida el proyecto primitivo, especialmente en el interior del templo.

El arquitecto regresó a Valladolid un año después, realizando todo el proyecto completo, que consta de otros siete planos. Todos ellos están firmados en Valladolid el 18 de octubre de 1760.

 

La planimetría de Ventura Rodríguez para el Real Colegio Seminario de los Padres Agustinos de Valladolid está presidida por una disciplinada organización geométrica, donde se nota el influjo del arquitecto Filippo Juvarra.


La fachada


Es una construcción de 105 metros de largo por 62 de ancho que es ejemplo claro del neoclasicismo de restauración. Consta de tres cuerpos formados por intercolumnios de orden dórico en piedra de sillería. Sobre la puerta central hay una lucera u ojo de buey. En la parte baja de los entrepaños laterales –a derecha e izquierda de la puerta central de entrada-, aparecen dos hornacinas para alojar en su tiempo sendas estatuas
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El remache de este cuerpo es un frontispicio triangular, donde está esculpido el escudo agustiniano, con el corazón, símbolo de la caridad. Coronando la fachada se encuentra una estatua del Santo Niño de Cebú, patrono del Archipiélago Filipino y patrono también de los agustinos misioneros de Filipinas, y de este Real Colegio. Es obra del escultor vallisoletano Pedro Verdugo, realizada a principios del siglo XX.

Sobre los cuerpos laterales se alzan las torres con cupilillas, sirviendo de marco a la gran cúpula. Para la construcción de ésta, oculta por un tambor de escasa altura, coronado por una cubierta troncocónica, parece se inspiró en el Panteón de Roma. Curiosamente, las torres –que entre otras construcciones de Ventura Rodríguez está situadas en las esquinas-, aquí fueron trasladadas hacia el interior del bloque.

 

El conjunto produce un grato efecto por la pureza de las líneas y la tonalidad blanca de las piedras.

 

Por otra parte, el desnivel del terreno permitió al arquitecto diseñar una fachada posterior, en cuyo alzado se añadían una escalera para salvar la altura del sótano y una galería a la altura de la cubierta.

 

El Claustro y su patio

El claustro es de planta cuadrangular. Cada una de las cuatro galerías que lo componen está formada por una serie de arcos de medio punto con sus bóvedas y lunetas. Nueve amplios ventanales, por cada uno de los lados, cerrados con cristales, favorecen la diáfana luminosidad de los espacios.

 

En las paredes se encuentran por un lado, una serie de pinturas de Pablo Puchol, realizadas a principios del siglo XX. En ellas se ilustran distintos episodios de la vida de San Agustín. Por otro lado se puede ver a San Alonso de Orozco, escritor, místico y predicador de Felipe II. Se encuentran también algunos cuadros de Obispos agustinos realizados por los pintores Santarén, García Maestro, Vivero y el P. Nicéforo Rojo.

 

Son un total de 72 grandes ventanales que se abren al jardín interior llenando de luz los claustros monásticos.

 

Todo alrededor está coronado por una balaustrada que bordea la terraza superior. El pozo central y el jardín completan la decoración.

 

Un busto de bronce, obra del escultor Luis de Santiago,  colocado sobre un pedestal de piedra, recuerda al P. Manuel Blanco. Este botánico agustino fue el principal autor de la monumental obra “Flora de Filipinas”.